Frente al silencio.

Frente al silencio.

jueves, 23 de febrero de 2017

Marian Raméntol




LA NOCHE VOLVERÁ A SER AMABLE EN SU HEMORRAGIA


El agua aprendió a dormirte entre sus brazos.

Una vértebra marina
adorna la tragedia de mis costas.

Un color venenoso
entinta los labios de algas,
con la sal extendida sobre julio
y ese matiz, derramado en el cuello,
atento al zambullido del mundo,
al doble mortal de la lágrima
desde el abdomen
hasta el milagro profundo de tu anchura.

El día que el azul me deseque, la noche
volverá a ser amable en su hemorragia
y podré vendar de nuevo con tu nombre
los acantilados que hoy me abren entera.








Marian Raméntol. Groenlandia, Nº 17 (octubre-diciembre 2016). Toda la revista aquí:https://issuu.com/revistagroenlandia/docs/suplemento_final_groenlandia_17





martes, 21 de febrero de 2017

Joseph Conrad



Fragmentos:



      Marlow era el único de nosotros que aún <<seguía al mar>>. Lo peor que se podía decir de él era que no representaba a su clase. Era marino, pero también un trotamundos, mientras que la mayoría de los marineros llevaban una vida sedentaria, si se puede decir así. Sus mentes tienen espíritu casero, y su hogar está siempre con ellos: el barco; lo mismo sucede con su patria: el mar. Un barco se asemeja mucho a otro y el mar es siempre el mismo. En la inmutabilidad de lo que los rodea, las cosas extrañas, las caras extrañas, la inmensidad cambiante de la vida, resbalan sobre ellos, sin cubrirse por una sensación de misterio sino por una ignorancia levemente despectiva, ya que nada le es misterioso a un hombre de mar excepto el propio mar, que es dueño y señor de su existencia y tan inescrutable como el destino. Por lo demás, tras sus horas de trabajo le bastan un paseo o una juerga ocasional en la costa para revelarle el secreto de un continente entero, y a menudo se da cuenta de que no merece la pena conocer ese secreto. Las historias de los marineros son de una simplicidad directa, su pleno significado recae dentro de la cáscara de una nuez rota. Pero Marlow no era alguien típico (si exceptuamos su propensión a contar historias), y para él, el significado de un episodio no se hallaba dentro, como la almendra, sino fuera, envolviendo la historia, que lo da lugar sólo como un resplandor da lugar a una bruma, en la semejanza de una de estas aureolas neblinosas que a veces se hacen visibles gracias a la iluminación espectral de la luz de la luna.

***



      >>La tierra no parecía terrenal. Estamos acostumbrados a verla como un monstruo vencido, pero allí, allí podías ver al monstruo en libertad. No era terrenal, y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, ya sabéis, lo peor de todo, esta sospecha de que no eran inhumanos. Poco a poco brotaba en uno esta idea. Aullaban, brincaban y daban vueltas, y ponían caras horribles, pero lo que estremecía era el simple hecho de pensar que eran humanos, como uno mismo, el pensamiento del remoto parentesco de uno con este alboroto salvaje y apasionado. Desagradable. Sí, era bastante desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, admitiría que en su interior existía al menos una mínima huella de reacción ante la terrible franqueza de aquel ruido, la leve sospecha de que aquello tenía un significado que uno, tan alejado de la noche de los primeros siglos, pudiera comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque todo está en ella, todo el pasado y también todo el futuro.

***



      "No estoy revelando ningún secreto comercial. De hecho, el director después dijo que los métodos del señor Kurtz habían arruinado la comarca. No tengo opinión sobre ese punto, pero quiero que entendáis con claridad que no había nada exactamente beneficioso en el hecho de que aquellas cabezas estuvieran allí. Tan sólo demostraba que el señor Kurtz carecía de freno en la satisfacción de sus deseos, que había algo de esperanza en él, una pequeña cuestión que, cuando la necesidad acuciaba, no se podía encontrar bajo su magnífica elocuencia. Sobre si conocía esta deficiencia, no lo puedo decir. Creo que el conocimiento le llegó al final, tan sólo en el último momento. Pero la selva lo había descubierto pronto, y se había vengado terriblemente por la invasión fantástica. Creo que le había susurrado cosas sobre sí mismo que desconocía, cosas sobre las que no tenía ningún concepto hasta que lo consultó con esta gran soledad, y comprobó que el susurro era irresistiblemente fascinante. Le resonaba por dentro porque estaba hueco en el interior. Bajé los gemelos, y la cabeza que aparecía tan cercana que se podía hablar con ella parecía que había dado un brinco repentino alejándose de mí una distancia inaccesible.

***






La vida es algo gracioso, ese acuerdo curioso de la lógica despiadada por un propósito fútil. Lo más que se puede esperar de ella es un poco de conocimiento de uno mismo, que llega muy tarde, y una cosecha de remordimientos que no se extinguen. He luchado a brazo partido contra la muerte. Es el torneo menos emocionante que podáis imaginar. Tiene lugar en una tristeza impalpable, sin nada por debajo de los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin el gran deseo de victoria, en el gran miedo a la derrota, en una atmósfera enfermiza de escepticismo tibio, sin demasiada fe en tu propio derecho, y todavía menos en el de tu adversario. Si ésa es la forma de la sabiduría final, entonces la vida es un enigma mayor de lo que algunos de nosotros pensamos.


***





Joseph Conrad. “El corazón de las tinieblas”. 2007, Edimat libros. 



sábado, 18 de febrero de 2017

Felipe Benítez Reyes




LA MARCA DEL AGUA


No conoce el amor la compasión.

Comparados con él,
el mar enloquecido que destroza los buques
con un látigo blanco,

el viento que desgarra las arenas

o el granizo que quiebra los trigales

son benévolos.

                           No conoce
el amor la compasión.

Y a fuego marca el tiempo que se apropia.






LA RECOMPENSA


Después de tanto asedio, de fingir que pasaba
por sus calles, por aquellos suburbios
con motos y almacenes,
después de frecuentar los bares que frecuentaba
y aquellas discotecas de sirvientas y chulos
bebiendo de los vasos más tristes que recuerdo,
por verla, por si estaba, por si acaso
la vida daba fiesta aquella noche,
y después de aguantar fiestas con gente
que ni el demonio mismo
se interesa por ella, de salir
de madrugada en coches con escándalo
de cláxones y de ruedas derrapadas
por buscarla tan sólo,
y encontrármela siempre en los brazos de aquel
camarerito con melenas,
con los ojos cargados, con las medias caídas...

Después de tanto afán que se apaga en sí mismo
en esta habitación de hotel la oigo ducharse
esa ropa hecha en casa, los zapatos gastados
y parece esa agua como la de la lluvia
en un día apagado del otoño.

....................................................................


La norma del deseo, de acuerdo, es no cumplirse
para que brille siempre en la memoria,
joya muerta que esplende más allá de su enigma.
Ningún deseo vale y así lo repetimos en tertulias
tanto asedio, tanto fingir,
y esas noches en blanco, tantas copas,
pero ¿quién se lo explica al corazón?





DUERMEVELA


Labios como los tuyos los he besado
y era un sabor de niebla el que dejaban;
tu cuerpo era el de otras, y esa voz repetía
las cosas que se dicen después de haber bebido.

Como las tuyas, hubo manos que a veces
me marcaron la frente con ceniza
de la hoguera de un sueño.
Y aquello no era amor, pero tentaba.

Desploma ya la noche
su teatro sombrío (y estos labios
que beso ¿son tus labios?).
Viene la luz muy fría y lo recuerdo:
me he visto en unos ojos
que no me conocían, de agua oscura,
y ellos no me ampararon,
y un cielo muerto vi en aquellos ojos.

Algo brilla en el suelo,
y es un puñal, y es tu anillo,
y es la moneda helada de la muerte.

Pero ¿qué sitio es este
y con quién duermo, que tiene
tus manos, tu mirada y tu tristeza?

Ahora que estamos solos,
dime si son tus labios
estos labios amargos.
Ahora que la luz despunta altiva,
vámonos de este sueño.










LA PALABRA
(segunda parte)


El que oye, arrodillado,
el chasquido del látigo en el aire
y vuelve la cabeza y ve la máscara
de cuero negro y nazi y la escultura
de la diosa sangrienta del sublime dolor.

Los que huelen la ropa interior de los ausentes.

El que ruega a la puta que le diga <<Te quiero>>
y nota un gemido seco en esa cueva
con dragones atados al alma.

El que para su coche, cada tarde, a la puerta
de los colegios con dibujos
de animales de Disney en las paredes
y arde, alegre, en su infierno
ante las pequeñas divinidades de la pasión.

Los clientes de la sala de strip-tease,
sumidos en su altiva y rencorosa
complicidad de títeres
en manos de un unánime
deseo que no pide explicaciones.

Los que sueñan despiertos con el sexo de la niebla
de gente que ya ha muerto.

La alta princesa de silicona,
soñando con su Hombre.

Quien le habla de noche en un susurro
melódico y pueril a un animal inquieto.

El que escribe en el agua
un nombre clandestino, conjurando
recuerdos en hoteles eternos de una noche.

Lo que llamamos amor: una palabra, en fin,
que define la esencia secreta y más salvaje
de ese instinto que intenta protegernos
del miedo de sabernos solitarios
cuando llega esa hora
en que rugen las fieras por las fieras.






CUMPLEAÑOS


Otro año que se va. Los tantos que se fueron
nos dejaron un verbo repetido
con significados diferentes
y el mapa de un tesoro que no está en ningún mapa,
conversaciones lentas y el silencio,
y luces que se apagan y sombras que se encienden,
y el vagar de alma en pena por el alma
de lo que no supimos expresar.

Otro año, mi vida. Y nosotros buscando
la llave que nos cierre la puerta del pasado
para estar en el tiempo,
que nunca es el ayer sino el enigma,
que nunca es regresar sino perderse.





Felipe Benitéz Reyes. “La piel que busca piel en su deriva”. 2016, Frida Ediciones.


martes, 14 de febrero de 2017

Jean-Paul Sartre



Fragmentos:



      <<En 1787, en una posada cerca de Moulins, moría un viejo amigo de Diderot, formado por los filósofos. Los sacerdotes de los alrededores estaban extenuados: lo habían intentado todo en vano; el buen hombre no quería los últimos sacramentos; era panteísta. El señor de Rollebon, que pasaba por allí y no creía en nada, apostó al cura de Moulins que le bastarían dos horas para convertir al enfermo. El cura aceptó la apuesta y perdió: la tarea empezó a las tres de la mañana, el enfermo se confesó a las cinco y murió a las siete. ¿Es usted tan hábil en el arte de la disputa? ―peguntó el cura―. ¡Aventaja a los nuestros! ―No he disputado ―respondió Rollebon―. Le he hecho temer el infierno.>>

***



      Un poco más y caigo en la trampa del espejo. La evito, para caer en la trampa del cristal; ocioso, con los brazos colgando, me acerco a la ventana. El Depósito, la Valla, la Vieja Estación ―la Vieja Estación, la Valla, el Depósito―. Bostezo tan fuerte que me asoma una lágrima a los ojos. Tengo la pipa en la mano derecha y el paquete de tabaco en la izquierda. Habría que llenar la pipa. Pero me faltan fuerzas. Mis brazos penden; apoyo la frente en el cristal. Aquella vieja me irrita. Corretea obstinadamente, con la vista perdida. A veces se detiene, temerosa, como si la hubiera rozado un peligro invisible. Ahí está bajo mi ventana; el viento le pega la falda a las rodillas. Se detiene, se arregla la pañoleta. Le tiemblan las manos. Reanuda la marcha, ahora la veo de espaldas. ¡Vieja cochinilla! Supongo que doblará a la derecha, en el bulevar Noir. Le faltan unos cien metros por recorrer; al paso que va, tardará lo menos diez minutos, diez minutos durante los cuales me quedaré así, mirándola, con la frente pegada al vidrio. Se detendrá veinte veces, seguirá, se detendrá...

***




      He pensado lo siguiente: para que el suceso más trivial se convierte en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara.
      Pero hay que escoger: o vivir o contar.

***



¿Profesionales de la experiencia? Han arrastrado su vida en el embotamiento y la somnolencia, se han casado precipitadamente, por impaciencia, y han tenido hijos al azar. Han visto a los demás hombres en los cafés, en las bodas, en los entierros. De vez en cuando, presos en un remolino, se han debatido sin comprender qué les sucedía. Todo lo que pasaba a su alrededor empezó y concluyó fuera de su vista; largas formas oscuras, acontecimientos que venían de lejos los rozaron rápidamente, y cuando quisieron mirar, todo había terminado ya. Y a los cuarenta años bautizan sus pequeñas obstinaciones y algunos proverbios con el nombre de experiencia; comienzan a actuar como distribuidores automáticos: dos céntimos en la ranura de la izquierda y salen anécdotas envueltas en papel plateado; dos céntimos en la ranura de la derecha y se obtienen preciosos consejos que se pegan a los dientes como caramelos blandos. También yo, en este sentido, podría conseguir que la gente me invitara, y diría que soy un gran viajero ante el Eterno. Sí: los musulmanes orina agachados; las comadronas hindúes utilizan vidrio machacado en bosta de vaca a guisa de ergotina; en Borneo, cuando una mujer tiene sus reglas, se pasa tres días y tres noches sobre el tejado de su casa. He visto en Venecia entierro en góndolas, en Sevilla las fiestas de la Semana Santa; he visto la Pasión en Oberammergau. Naturalmente, todo eso es una flaca muestra de mi saber; podría recostarme en una silla y comenzar divertido:
      ―¿Conoce usted Jihlava, estimada señora? Es una curiosa y pequeña ciudad Moravia, donde residí en 1924...
      Y el presidente del tribunal, que ha visto tantos casos, tomaría la palabra al final de mi historia:
      ―¡Cuán cierto, señor, y qué humano es eso. He visto un caso semejante al principio de mi carrera, fue en 1992. Yo era juez suplente en Limoges...
Sólo que en mi juventud me hartaron con estas cosas.

***







Soy libre: no me queda ninguna razón para vivir, todas las que probé las perdí, y ya no puedo imaginarme otras. Todavía soy bastante joven, todavía tengo fuerzas bastantes para volver a empezar. ¿Pero qué es lo que hay que empezar? Sólo ahora comprendo cuánto había contado con Anny para salvarme, en los peores momentos de mis terrores, de mis náuseas. Mi pasado ha muerto. El señor Rollebon ha muerto. Anny volvió para quitarme toda esperanza. Estoy solo en esta calle blanca bordeada de jardines. Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte.
      Hoy mi vida llega a su fin. Mañana habré dejado esta ciudad que se extiende a mis pies, donde viví tanto tiempo. Ya no seré más que un hombre rechoncho, burgués, muy francés, un nombre en mi memoria, menos rico que los de Florencia o Bagdad. Vendrá un tiempo en que me pregunte: <<Pero cuando estaba en Bouville, ¿qué podía hacer durante todo el día?>> Y de este sol, de esta tarde, no quedará nada, ni siquiera un recuerdo.
      Toda mi vida está detrás de mí. La veo entera, veo su forma, veo los lentos movimientos que me han traído hasta aquí. Hay pocas cosas que decir de ella: una partida perdida, eso es todo. Hace tres años que entré en Bouville, solemnemente. Había perdido la primera vuelta. Quise jugar la segunda y también perdí; perdí la partida. Al mismo tiempo, supe que siempre se pierde. Sólo los cerdos creen ganar. Ahora voy a hacer como Anny, me sobreviviré. Comer, dormir. Dormir, comer. Existir lentamente, dulcemente, como esos árboles, como un charco de agua, como el asiento rojo del tranvía.
      La Náusea me concede una corta tregua. Pero sé que volverá; es mi estado normal. Sólo que hoy mi cuerpo está demasiado agotado para soportarla. También los enfermos tienen afortunadas debilidades que les quitan, por algunas horas, la conciencia de su mal. Me aburro, eso es todo. De vez en cuando bostezo tan fuerte que las lágrimas me ruedan por las mejillas. Es un aburrimiento profundo, profundo, el corazón profundo de la existencia, la materia misma de que estoy hecho.






Jean-Paul Sartre. “La Náusea”. 1984, Alianza Losada. 




domingo, 12 de febrero de 2017

Javier Salvago (II)




RETRATO


Habla poco, y a muy pocos
se atreve a llamar amigos,
pasa de largo si hay bulla,
no visita a sus vecinos,

cruza la calle fumando,
siempre dentro de sí mismo,
viendo el mundo desde fuera
igual que quien lee un libro,

atrapado sin salida
en su propio laberinto,
pero ni sordo ni ciego
ni indiferente ni frío:

un solitario que vive
con una mujer y un niño.





LA SOLEDAD DEL ESCRITOR DE FONDO


Escribir como todo no es nada,
pero importa. No pocos se arriesgan
a estrellarse por esa bobada
de dejar unos cuantos poemas.

Porque importa, uno sigue adelante
contra viento, marea y mareo,
aunque sepa que no escucha nadie,
aunque no se lo tomen en serio.

Uno sigue adelante, aunque a veces
se pregunta si vale la pena,
para nada y por nadie, exponerse
a amargarse el café y la existencia.





ÚLTIMO RETRATO DE JUVENTUD


Hace casi tres años que no escribo
poemas, me abandono, apenas leo;
no me cultivo ni me informo. Siento
dentro de mí una especie de vacío

que avanza y no me asusta como un río
de lava; o mejor, como un desierto
que va ganando más y más terreno
al calcinado bosque, ayer tan vivo.

Sueño poco. Deseo lo necesario.
No tengo nada, y nada extraordinario
espero en adelante. No disfruto

del placer de vivir. Miro la vida
con reserva y distancia. Cada día
me consienten los años menos humos.





FÁBULA

En sus mejores sueños de muchacho,
en los más exaltados, se veía
como el protagonista de una historia,
oscura, de fracaso y resistencia.
Un digno perdedor que con distancia
e ironía encajaba la derrota,
cantada, de la vida.
                                Un hombre, al fin,
bastante parecido a éste que hoy
lo observa al otro lado del espejo.

La moraleja de este cuento advierte
que hay que tener cuidado con los sueños
porque, a veces, resulta que se cumplen.








HAIKU

Cayó la noche,
pesada como un fardo,
sobre nosotros,

y vimos las estrellas.





NADA IMPORTA NADA


Si algo enseñan los años
es la poca importancia
que tiene todo.
                         Todo,
tarde o temprano, pasa.
El amor, que se va
como viene. La vaga
juventud, con sus sueños,
sus grandes esperanzas.
Días de vino y rosas,
épocas de abundancia
del corazón. El brillo,
la belleza, las ganas
de llevarse a la vida
por delante. Las fatuas
ilusiones
                     ―estrellas
que de pronto se apagan
y nos dejan en una
noche oscura del alma.
El dolor que creías
interminable. El ansia
por conseguir aquello
que, conseguido, es nada.
La vanidad, sus pompas:
gloria, fortuna, fama,
uno mismo, sus obras,
sombras de un sueño, escarcha
rocío de una noche
que el sol de otro mañana
derrite, vanidades,
espejismos, fantasmas...

Si algo enseñan los años
es que todo se acaba.
Que nada, en este juego,
dura ni importa nada.






Javier Salvago. “La vida nos conoce”. 2011, Editorial Renacimiento.




sábado, 11 de febrero de 2017

Javier Salvago (I)




ALONE AGAIN


Carmencita, Bodil, Roser, Lucía,
Lola, Anne Marie, Julia, Nora, Teresa...,
de cada una y de todas guardo algo.

Puede que esté pagando
mis infidelidades de veleta
en el infierno de los solitarios.

Pero hoy quisiera yo saber
dónde están las que tanto me han amado.





ESA CHICA SE HA ENAMORADO DE TI


Uno


Nos sorprendía el alba con los ojos abiertos,
después de haber dejado que hablaran nuestros cuerpos.

sin entenderse a veces, porque a veces consigo
complicarme la vida sin causa ni sentido.

Cómo explicarle a nadie ciertas intimidades:
esa extraña manera de amar, que tú ya sabes.





Diez


Enciendo un cigarrillo.
La casa está serena.
Se ilumina el recuerdo
y revivo esa escena

cálida, en la que estamos
tú y yo, sobre la cama,
despiertos y abrazados.
Interior. Madrugada.

El campo sigue fuera
más oscuro y más vivo
quizás. Es la primera
vez que te has atrevido

a decirme te quiero.
Y aunque finja que paso,
detrás de mi silencio,
te miro emocionado.




Catorce

No puedo amar a nadie
que no me ofrezca plena confianza.
Prefiero poner tierra de por medio
a que me roben, con amor, la calma.

Prefiero verme solo
y vivir a mi aire,
antes de que me amarguen la existencia.
No quiero amar a nadie.








LA CULPA ES DE ESTE OFICIO


La culpa es de este oficio. De tanto darle vueltas
a todo, todo acaba perdiendo consistencia.

Tanto jugar con fuego, que el jugador se quema
y nada importa nada si no ofrece un buen tema.

Juro que algunas noches me habría muerto, sin pena,
de poderlo contar después en un poema.





EPÍGRAFE

Me gustaría saber qué es lo que buscas,
qué intentas encontrar,
                                          por qué has cogido
sin demasiada fe, supongo
este libro.

Yo no sé nada que tú ya no sepas,
que no nos puedan enseñar los años.
No hago juegos de magia.
                                            No deslumbro.
Hablo sin vanidad de mis asuntos.

(A lo sumo, acompaño).





Javier Salvago. “La vida nos conoce” (Antología poética). 2011, Editorial Renacimiento.



martes, 7 de febrero de 2017

Judith Rico



ESTE POEMA SE LLAMA "NO SÉ CUÁNDO ME HAN ESCRITO Y QUÉ HAGO EN UN CUADERNO EN LUGAR DE EN UNA PAPELERA"



02:41
Espero que no vengas a pasar tus páginas
a mi libro,
que no vengas a abrir y cerrar mis piernas
como el que abre y cierra puertas en su vida.

No necesito a nadie que me desnude.
Necesito que me besen los miedos
en la piel lo hace cualquiera,
alguien que baje a por cerveza y condones,
que a por tabaco ya bajo yo,
que volveré a casa siempre.

Alguien que se fije
en lo que hay debajo del maquillaje,
que quiera mis uñas sin acrílico
o mis labios sin carmín,
que no le importe verme descalza
por los pasillos de casa,
con una camiseta tres tallas más grande
o el pelo recogido.

Que no escriba poemas, por dios,
con una loca tenemos bastante,
que no diga lo que siente con un Bic y un folio,
que se siente conmigo para hablar sin tapujos
mientras tomamos un café en la cocina
y nos pasamos el humo de un cigarro
de boca en boca
y te desnudo porque me tocas.

Alguien que llore viendo películas, joder,
que me lleve sin ropa del sofá a la cama
mientras se aferra a mi piel
como si fuera su refugio ucrónico.

Y sobre todo,
alguien a quien no le importe decir te quiero,
que no pida permiso para dar un beso,
que no pida perdón después de robar uno.








Judith Rico. 2017, de su muro de Facebook.